Xipe Tótec

“Xipe Tótec” ("Nuestro Señor el Desollado") es quizás la deidad más paradójica del México antiguo. Mientras su imagen evoca el sacrificio cruento, su esencia radica en la “Regeneración” y la “Abundancia”. Para las culturas que lo veneraron, como los zapotecos, mixtecos y mexicas, este dios era el motor de la primavera, aquel que permite que la vida brote al desprenderse de su forma anterior.

Origen y Creación: El Tezcatlipoca del Oriente

En la mitología náhuatl, “Xipe Tótec” es uno de los cuatro hijos de la pareja primordial, “Ometéotl”. Se le identifica como el Tezcatlipoca rojo”, el regente del Este “Tlapallan”, dirección por donde sale el Sol. Su creación no es un evento estático, sino un acto de entrega: el mito cuenta que el dios se desolló vivo para alimentar a la humanidad. Este sacrificio fundacional es el que permite que la semilla de maíz —su gran símbolo— pierda su cáscara externa para que el brote verde pueda nacer. Así, su origen está ligado a la metamorfosis y al nacimiento de la agricultura.

La "Vida" de la Deidad: El Ritmo de la Naturaleza

“Xipe Tótec” no tiene una "vida" narrativa lineal, sino una existencia cíclica que se manifiesta cada primavera. Durante la veintena de “Tlacaxipehualiztli”, su presencia dominaba el mundo mexica. Los sacerdotes, al vestir la piel de los cautivos sacrificados, no buscaban el horror, sino la mímesis con la tierra. La piel humana, que se tornaba amarilla y seca con los días, representaba la capa vegetal muerta del invierno; el sacerdote que se movía dentro de ella simbolizaba la vida nueva que empuja desde el interior para florecer.

Como patrono de los orfebres, su "vida" también se manifestaba en el fuego. Para los artesanos, fundir el oro era un acto ritual de desollamiento: se retiraba la "escoria" para revelar el brillo divino. El oro, llamado “Teocuitlatl” ("excremento divino"), era la piel de la tierra, la manifestación sólida del poder solar que “Xipe Tótec” custodiaba.

Cosmovisión y Significado

Para las culturas que lo idealizaban (zapotecos, mixtecos y mexicas), “Xipe Tótec” era un proveedor justo.

  • Regeneración: Representaba la idea de que la vida surge inevitablemente del dolor y el sacrificio. Sin el desollamiento (la muerte de la forma vieja), no puede haber crecimiento (la forma nueva).

  • El Oro y el Maíz: Su piel dorada simbolizaba la riqueza de la cosecha de maíz maduro y el valor espiritual del oro, ambos considerados "excrementos" o secreciones divinas que daban sustento y estatus.

“Xipe Tótec” encarna la esperanza en el ciclo eterno. A través del oro, las culturas prehispánicas materializaron su fé en la renovación. El dios no solo era el dueño del metal precioso por su valor estético, sino porque el oro es el símbolo máximo de lo que permanece tras la transformación: la luz, la riqueza de la tierra y la vida que se niega a morir.


Patrono de los Orfebres: “Xipe Tótec” era la deidad protectora de quienes trabajaban los metales preciosos, especialmente el oro. Los artesanos le rendían culto pidiendo maestría para fundir y moldear este material.

Renovación de la Tierra: Así como el oro se funde para transformarse en algo nuevo, “Xipe Tótec” simboliza la regeneración. La transición de la piel vieja a la nueva era comparada con la tierra cubriéndose de vegetación dorada durante la primavera.

Atributos y Ofrendas: Se han hallado representaciones del dios en piezas de oro fino, como máscaras y pectorales, utilizando la técnica de la cera perdida. Además, objetos rituales como el “Chicahuaztli” (bastón de sonajas) solían fabricarse en metal para llamar a la lluvia y la fertilidad.

Técnicas Maestras: Utilizaban principalmente la cera perdida, que permitía crear figuras huecas y detalladas. También dominaban el martillado en frío, el repujado y la filigrana.

Obtención: El oro se extraía principalmente de las arenas de los ríos en regiones como Guerrero y Oaxaca, lavándolas en jícaras.

Piezas Comunes: Elaboraban orejeras, narigueras “Yacapapálotl”, bezotes (adornos para el labio), pectorales y cascabeles que emitían sonidos sagrados durante los rituales. 

El Oro como Sustancia Divina: Teocuitlatl

Teocuitlatl: En náhuatl, el oro se llamaba “Coztic Teocuitlatl”, que significa literalmente, "excremento divino amarillo" o "secreción divina". Se creía que era una sustancia emitida por el sol al tocar la tierra.

Autoridad Divina: El gobernante era visto como el representante del sol en la tierra; por lo tanto, sus joyas de oro validaban su autoridad sagrada.

Símbolo de Estatus: Solo los gobernantes “Tlatoque”, la nobleza "Pipiltin” y los guerreros que habían demostrado gran valor podían portar ornamentos de oro. Era un indicador de autoridad basada en méritos políticos o militares.

Conexión Solar: Debido al brillo y al color del metal se consideraba que el oro era una extensión de la energía de “Tonatiuh” (el Sol) y el fuego. Portar oro era, en esencia, portar una chispa de la energía solar que sostiene la vida; Era, simbólicamente, llevar un fragmento del sol en el cuerpo.

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